3. Los principales países productores

Di De Andreis Marco - 23 ottobre 1992
  1. Los principales países productores

Si bien son muchas las sustancias psicoactivas que son ilegales, la atención internacional se concentra casi exclusivamente en los derivados del opio, la coca y el cannabis. Ello se debe principalmente al hecho de que pocas fuentes de información sistemática disponibles sobre la producción y sobre el comercio - todas de origen estadounidense se limitan precisamente a las tres sustancias citadas.

Cabe destacar, de todas maneras, que tanto en Europa como en Estados Unidos se está asistiendo a un rápido crecimiento en el consumo de una sustancia sintética, la methylene dioxymethamphetamine (MDMA), más conocida como Extasis y que se vende en pastillas. En Gran Bretaña, los consumidores de Extasy son, por ejemplo, el doble de los consumidores de cocaína. El precio al por menor de una dosis de esta sustancia - ente las 30 y las 80 mil liras italianas, contra las aproximadamente 200 mil liras de una gramo de cocaína - garantiza un amplio margen de provecho, aunque no se conocen a ciencia cierta los costes de producción. Parece ser que los principales productores del Extasis comerciado en Europa parece se encuentran en Holanda (75-80%) y en Polonia (12).

La tabla 1 resume los cálculos del gobierno de Estados Unidos sobre los principales productores mundiales de opio, hoja de coca, marihuana y hachís. Cabe destacar que la producción anual de marihuana de Estados Unidos, aunque aquí no aparezca, se calcula alrededor de un tercio del total mundial (13). Además, al utilizar estos datos hay que tener muy presentes algunas advertencias: quien los ha elaborado declara, razonablemente, estar seguro solo de la superficie cultivada; y está mucho menos seguro con respecto al potencial productivo de los respectivos cultivos, los resultados de las cosechas (que pueden variar según las condiciones climatológicas y de las técnicas empleadas) y los procesos de refinamiento. Resumiendo, los datos “representan un cálculo de la producción en potencia, y sobre cuya cantidad el gobierno de los Estados Unidos considere que podría producirse en caso, y solo en caso, de que toda la cosecha disponible se convierta en droga acabada con una eficiencia productiva ordinaria. Puesto que

no se calculan las pérdidas, la producción real no puede ser medida con precisión; podría ser mayor o menor que estos cálculos” (14). A título de ejemplo, el Bureau of International Narcotics Matters calcula que si en 1990 Colombia, Bolivia y Perú hubiesen transformado en cocaína todas las hojas de coca (excluyendo los alijos decomisados y el consumo local), se hubiese contado con una cantidad de droga disponible para la exportación oscilante entre las 700 y las 890 toneladas. (15)

Dicho esto, cabe reconocer que los cálculos permiten hacerse una idea bastante certera por lo menos con respecto a la tendencia productiva que, salvo el hachís, parece ir en aumento totalmente. En particular, la disponibilidad de opio ha aumentado, entre 1987 y 199, más del 50%, gracias sobre todo al incremento de la producción en Birmania, casi triplicada durante el mismo espacio de tiempo.

Tal y como se puede comprobar, se citan globalmente 16 países. Salvo Líbano y Marruecos - que sin embargo se limita a producir poco más del 8% de hachís - desde el punto de vista geográfico emergen de forma bastante clara tres grandes áreas productivas: el Sureste asiático (Birmania, Laos y Tailandia), en una zona conocida como el triángulo de oro; el Asia Suroccidental (Afganistán, Irán, Pakistán), en una zona conocida asimismo bajo el nombre de media luna de oro (Golden Crescent); América Latina.

Desde el punto de vista de los cultivos, resulta bastante claro de qué manera el opio se concentra en Asia y la coca en América Latina. El cannabis se produce y se elabora en América Latina, en Asia Sur-Occidental y en Oriente Medio. Se salen de este modelo Líbano y Méjico, que juntos producen casi el 3% del opio.

Otra excepción, muy reciente, es Colombia: según la Drug Enforcement Administration (DEA) americana, las organizaciones colombianas que se dedican a la elaboración de la coca y al tráfico de cocaína se encontraban, en enero de 1992, en una fase avanzada de la diversificación de sus actividades, con la producción de opio y refinándolo en heroína (16). Al cabo de cinco meses, en junio, Melvin Levitsky, responsable de los problemas de la droga del Departamento de Estado estadounidense, testimoniaba en el Congreso que Colombia se había convertido en el tercer productor mundial de opio, con aproximadamente 20.000 hectáreas cultivadas, contra las 29.000 de Laos y los 161.000 de Birmania (17). La introducción rápida en la economía de la droga en las zonas andinas del sur del país ahora cultivadas con opio, ha desencadenado el consabido círculo vicioso de violencia y corrupción, aunque haya aumentado drásticamente la renta de los campesinos interesados (18).

Más inciertas, aunque con intensidad creciente, las noticias relacionadas con el aumento de los cultivos de papaveráceas en las repúblicas asiáticas, ex repúblicas soviéticas. Más en general, todo el mundo ex comunista se supone que se ha convertido rápidamente en una nueva tierra de conquista para los narcotraficantes, que lo utilizarían para el tránsito de las drogas y para reciclar el capital (19).

En cualquier caso, los países tomados en consideración en este trabajo son: Afganistán, Birmania, Bolivia, Colombia, Irán, Laos, Líbano, Pakistán, Perú y Tailandia.

Por lo que se refiere a los demás países (Belize, Ecuador, Guatemala, Jamaica, Marruecos y Méjico) véanse las siguientes consideraciones. En primer lugar, se ha optado por dar primacía a la producción y comercio de heroína y cocaína, debido a que su perfil económico es mucho más elevado. Siguiendo esta lógica, se ha dado la precedencia a los productores más importantes. Tal y como se puede ver, Méjico y Guatemala, en el caso de la heroína, Ecuador en el caso de la cocaína, producen cantidades muy limitadas con respecto al total de la producción mundial de la sustancia respectiva. Cabe destacar que algunos de los principales productores de hachís y marijuana son al mismo tiempo productores de drogas duras: Colombia, Pakistán y Afganistán. Por su parte, Belize y Jamaica se limitan a producir, juntas, aproximadamente el 0,5% del total mundial de marihuana.

En segundo lugar, ha sido considerada la postura de los distintos países en la cadena comercial: Tailandia, Pakistán y Colombia desempeñan un papel de gran relevancia refinando y exportando heroína (las dos primeras) y cocaína (Colombia), aún no siendo los primeros productores de opio ni de hoja de coca.

En tercer lugar, se ha tenido en cuenta la dimensión global de las distintas economías sobre las que insiste el fenómeno de la droga: de esta manera, la producción y distribución de los derivados del cannabis y del opio tienen un peso superior en el Líbano (2,7 millones de habitantes, 3,3 mil millones de dólares de Producto Nacional Bruto en 1987) que no Méjico (84 millones de habitantes, 200 mil millones de dólares de PNB en 1989).

Tal y como se podrá comprobar, los países considerados han sido agrupados según las siguientes zonas geográficas: Asia Suroccidental (golden crescent), sureste asiático (golden triangle), Oriente Medio y América Latina. Hemos dedicado un espacio especial a Birmania, primer productor mundial de opio, y a sus poco conocidos avatares políticos y económicos.

Antes de entrar en detalles en la política y la economía de estos diez países productores de drogas es posible llevar a cabo, con la ayuda de las tablas 2 y 3, algunas observaciones de carácter muy general. En primer lugar, nos hallamos ante situaciones de gran indigencia: tres países (Afganistán, Laos y Pakistán) se hallan en el último cuarto de la clasificación del UNDP en cuanto a desarrollo humano (una combinación de renta, educación y esperanza de vida al nacer); y cuatro de ellos en el tercer cuarto (Birmania, Bolivia, Irán y Líbano).

Por encima de las considerables diferencias existentes en cuanto a riqueza disponible, además, todos los países para los que existen datos al respecto, poseen una deuda exterior consistente: como porcentaje sobre el PNB se va de un mínimo del 34 para Tailandia, hasta un máximo de 152 para Laos. Por supuesto estos datos brutos esconden realidades muy distintas: Colombia y Tailandia, al contrario de los demás, se las apañan con la deuda exterior bastante bien, ambas cuentan con una economía muy dinámica y una renta per cápita bastante alta. Sin embargo, lo que sí es cierto es que todos tienen motivos imperiosos para recorrer a cualquier fuente de divisas con valor que se les presente.

La división del trabajo entre países, por otra parte, refleja con gran fidelidad las diferencias económicas apenas analizadas: Colombia y Tailandia, ambas con una economía en crecimiento rápida y fuertemente orientada a la exportación, cuentan con los recursos necesarios para comercializar la droga en cuanto producto acabado - respectivamente cocaína y heroína - incluso el hecho de que un volumen consistente de intercambios comerciales con el exterior facilita tanto el poder ocultar a nivel material como financiero. Observaciones parecidas pueden aplicarse al papel desempeñado por Pakistán en la comercialización de la heroína procedente del golden crescent - papel que se beneficia tanto del cierre de la economía y de la sociedad iraní por una parte, como del estado ruinoso de la economía y de la sociedad afgana.

Por el contrario, los principales productores de las materias primas - opio y hoja de coca - se encuentran con que tienen que hacer frente a situaciones sociales, económicas y políticas que no es exagerado calificar de desesperadas. La economía peruana se ha estancado en la última década, mientras que la boliviana, para más inri, se ha contraído. Líbano y Afganistán se han visto acosados por interminables guerras civiles, cuyos efectos económicos y sociales son fácilmente intuibles, aun en ausencia de datos. Birmania y Perú, primeros productores de opio y de hoja de coca respectivamente, tienen zonas consistentes de su territorio controladas por movimientos insurreccionistas armados de carácter político y/o étnico. En dichas zonas tiene lugar la producción y la primera refinería de las drogas, actividades que constituyen el principal punto de apoyo económico y político de dichas insurrecciones.

Por último, en los mencionados diez países la democracia o no existe o está seriamente amenazada. no existe en Afganistán ni en Líbano, de la misma manera que la República popular de Laos y en la Islámica de Irán; ha sido suspendida por los militares o con su apoyo en Birmania (1990), Tailandia (1991) y Perú (1992); es muy frágil en Bolivia, Colombia y Pakistán. Obviamente, no se trata solo de un problema de forma de gobierno: ninguno de estos países puede vanagloriarse de un grado aceptable en materia de respeto de los derechos humanos en su seno, mientras se producen formas de abuso que varían desde la falta de garantías procesales hasta la tortura.

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(12) Cfr. Alison Jamieson, “El tráfico de droga tras 1992”, ponencia presentada en el convenio “Droga, el nuevo Imperio del Mal - Una guerra global y planetaria”, Roma 12 de mayo de 1992; Amelia Castilla, “Ir de `éxtasis’”, “El País”, 23 de febrero de 1992.

(13) Cfr. Iban de Rementeria, “Production: panorama mondial des cultures de drogue”, Guy Delbrel (edición de), op. cit. De Rementeira fue director de la UNFDAC. Según Ethan A. Nadelmann “actualmente Estados Unidos es el primer productor de marihuana en el mundo”; cfr. “Légalisation: la fin du narco-trafic?”, cit. Estas evaluaciones no tienen en cuenta el creciente recurso a cultivar en invernadero, indicado también en INCB 1991 Report, pág. 36.

(14) United States Department of State, Bureau of International Narcotics Matters, International Narcotics Control Strategy Report, Washington, marzo de 1991, pág. 9 (énfasis en el original).

(15) Ibídem, pág. 10, en el que se menciona una mejora de la eficacia de las técnicas de refinería a lo largo de los últimos dos años.

(16) Cfr. Joseph B. Treaster, “Colombia Drug Lords Branching Out Into Heroin”, International Herald Tribune [a partir de ahora IHT, para abreviar], 15 de enero de 1992. Del cultivo de opio en Colombia se habla por lo menos desde mediados de los años ochenta. Cfr. Bruce M. Bagley, “Colombia and the War on Drugs”, Foreign Affairs, otoño de 1988.

(17) Cfr. Norma Romano-Brenner, “Heroin Growth Concerns Bush Administration”, United States Information Agency (USIA) Wireless File, 6 de junio de 1992.

(18) Cfr. Jorge Gómez Lizarazo, “Colombia Drug War: Too Many Innocents Are Dying”, IHT, 31 de enero de 1992; “A Pact With the Devil”, Newsweek, 10 de febrero de 1992.

(19) Cfr. por ejemplo Mino Vignolo, “A Est regna l’oppio dei popoli”, Il Corriere della Sera, 6 de septiembre de 1992.